El siguiente manifiesto ha sido escrito por Diego Hidalgo Schnur (padre) y Diego Hidalgo Demeusois (hijo), en la página ElFuturodeEspaña. Coincido plenamente con este manifiesto, y por ello lo reproduzco íntegramente aquí:

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Manifiesto para un debate sobre los verdaderos problemas y el futuro de España

A pesar de nuestra diferencia generacional, y de haber tenido experiencias vitales distintas, los autores de este texto, padre e hijo, somos dos españoles con experiencia internacional y española, y compartimos un interés en temas globales y visiones de futuro. Ambos observamos con perplejidad el debate político en nuestro país, donde en las últimas legislaturas no sólo no parece que haya habido un diálogo entre gobierno y oposición, sino que la hostilidad entre políticos y partidos, jaleada y amplificada por los medios de difusión, ha ido in crescendo. En vísperas de las elecciones del 9 de Marzo, si juzgáramos la situación por lo que leemos, oímos y vemos en los medios y escuchando a los políticos pensaríamos que después de una generación de diálogo y consenso hemos regresado a las dos Españas de los treinta.

Afortunadamente esto no es así.

Son los políticos quienes, a través de descalificaciones mutuas, tratan de polarizar pensando que la crispación, el insulto y la descalificación del adversario les van a resultar políticamente rentables; admiten que hay crispación pero se apresuran a culpar al bando contrario. En cambio, las encuestas demuestran que una gran mayoría de españoles se considera parte del centro del espectro político, y básicamente coincide en su visión institucional, política, económica y social del país.

Como en muchos países europeos, una gran mayoría de los españoles cree en la protección social de sus ciudadanos dentro de los límites de lo posible.

En cuanto a temas internacionales, se puede recordar entre otras cosas que hace cinco años, el 92% de la población española era contraria a la invasión de Irak y se oponía al apoyo del gobierno español a la guerra. Este fenómeno es aún más notable cuando se trata de ciudadanos que votan al PP y al PSOE; sólo minorías de extrema derecha o izquierda muestran diferencias considerables. Respecto a las instituciones, por ejemplo, una gran mayoría de españoles (casi 70% actualmente y desde hace tres décadas) se dice a favor de la monarquía parlamentaria, tendencia ampliamente mayoritaria entre ambos votantes del PSOE y del PP. Y mientras los españoles en general le dan un 7.0 al Rey, los que normalmente votan al PSOE le dan un 7.4, y los que votan al PP, un 7.8 – de nuevo, el 7.0 se explica sobre todo con la nota más baja dada por los más radicales.

Si es cierto que los ciudadanos no están tan divididos entre si, también nos llama la atención la similitud entre las propuestas de los dos partidos más importantes – a pesar, por ejemplo, del carácter más de "derechas" de las últimas propuestas del PP sobre la inmigración o la delincuencia. En particular, la política macroeconómica de ambos es idéntica y el margen de maniobra casi nulo, lo que debería evitar un debate irrelevante sobre coyuntura económica. Curiosamente, el único entendimiento entre partidos plasmado en los pactos de Toledo consiste en no cuestionar el sistema de pensiones, cuya inevitable crisis ha sido retrasada temporalmente gracias a la disminución del desempleo y al incremento de la inmigración, pero que sigue siendo una bomba de relojería.

¡Naturalmente que en muchos países hay "crispación"! Pero en la mayoría, como es el caso de Estados Unidos, las condiciones son distintas: entre Demócratas y Republicanos hay unas diferencias profundas de concepción social y visión de futuro. En realidad, más que a las elecciones presidenciales americanas, las elecciones españolas se podrían comparar a las primarias entre demócratas en EEUU. Esta analogía vale porque en ambos casos las distintas opciones que se presentan tienen mucho más en común que lo que las separa; en ambos casos, los candidatos construyen diferencias y se buscan un estilo propio para conseguir distinguirse políticamente. Y en el caso de las primarias como de las elecciones del 9-M, la intensidad y la dureza de la lucha para ganar, perjudican a las dos entidades que los competidores pretenden representar – el Partido Demócrata y España.

Además de su carácter artificial, la crispación resulta en dos tipos de efectos perniciosos y evitables que desarrollamos aquí. Primero, las agresiones verbales y la descortesía deterioran la credibilidad de la clase política, de las instituciones, y en definitiva, del país en su conjunto. Segundo, impide el diálogo necesario para un debate sobre los temas que de verdad importan para el futuro de nuestro país, y acordar políticas de Estado que trascienda los cuatrienios de una legislatura.

I – El imperativo de superar de la crispación para mejorar la calidad de la democracia

La crispación impide que haya un verdadero diálogo entre partidos para llegar a acuerdos necesarios para una política de estado. Desde los añorados años en los que los políticos españoles, pese a sus diferencias, fueron capaces de sacrificarlas en aras de un objetivo común, democracia e integración en Europa, el funcionamiento de nuestro sistema político ha empeorado. Asombra que treinta años después no haya un acuerdo sobre nuestra ordenación territorial ni sobre como enfrentarse al terrorismo. Estos temas, y otros fundamentales plasmados en la Constitución de 1978 en los que coinciden los votantes del PP y del PSOE, deberían estar fuera de cualquier debate partidista.

Al observar las declaraciones de los políticos españoles de la última década se podría hablar de una "italianización" de la vida política española. La crispación política suele ser precursora de decadencia en el futuro. Un ejemplo es la probable correlación entre enfrentamiento político y decadencia italiana, que se ha traducido tanto en una pérdida de dinamismo económico como en una influencia internacional poco acorde con el tamaño de su población y PIB.

La pérdida de la más elemental cortesía parlamentaria, y las descalificaciones entre personas de uno y otro partido han deteriorado la imagen de la clase política, dañado a las instituciones y hastiado a la población, que respira en los raros momentos de distensión (ejemplo, defensa de Aznar por Zapatero en la Cumbre Iberoamericana). ¡Es significativo que, tras el debate sobre el estado de la nación de Julio de 2007, dos tercios de los españoles (encuesta CIS) opinaran que los problemas que preocupan hoy a los españoles se hubieran tratado "poco o nada", mostrando el divorcio entre parlamento y electores y el hastío de éstos ante la crispación parlamentaria!

II – Cinco temas para un necesario "Proyecto España"

Este debe ser un proyecto que consiga unirnos y entusiasmarnos para optimizar la inserción de nuestro país en el mundo globalizado del Siglo XXI. La crispación hace imposible un verdadero debate para llegar a un consenso necesario sobre los temas esenciales. ¿Cómo se integra ese Plan y cómo va a competir España en los próximos años? Lo que sigue es el resultado de nuestros puntos de vista actuales y de nuestra conciencia en relación al contexto que constituye la base del siguiente Manifiesto. Rogamos lo consideren como un "borrador" sujeto a cambios, tales como: (a) mejora (b) expansión (o reducción) de los temas presentados, (c) la forma en que priorizamos los diversos temas, y (d) los enfoques y/o soluciones que proponemos. Identificamos cinco temas vinculados entre sí:

1) Empleo y competitividad: ¿Qué sectores-clave pueden representar un futuro sostenible para España?

2) Educación e Investigación: ¿Cómo podemos mejorar y resolver estos graves problemas de la educación escolar y universitaria en España?

3) Inmigración: La inmigración en España es necesaria y conlleva muchos aspectos positivos pero también retos. ¿Cómo enfrentarse con estos retos y optimizar la integración de los inmigrantes?

4) Cambio climático y energía: ¿Qué política elegir para satisfacer nuestra demanda en energía y garantizar nuestra seguridad energética, y al mismo tiempo responsabilizarnos frente al reto medioambiental?

5) España en Europa y el mundo: En los últimos ocho años, España ha perdido de su influencia en el mundo, pese a las grandes ventajas de las que dispone. ¿Cómo aprovecharlas y situar a España en el lugar que le corresponde?

Conclusión

Lector y votante, tu voz se escucha cada cuatro años, y tú eres el único que puede cambiar esta situación. Es más lo que nos une que lo que nos separa. No debemos aceptar que los extremos acaben dictando el debate electoral y que esto sirva a los políticos para evitar dialogar y debatir racional y distendidamente las cuestiones fundamentales a las que España se debe enfrentar.

Comprendemos el dilema que se te plantea en estas elecciones. ¿Debes castigar a los políticos de los dos partidos mayoritarios absteniéndote, votando en blanco, o a partidos de centro que no hayan contribuido a la crispación, pero a los que consideras testimoniales dada la escasa probabilidad de que consigan una representación parlamentaria? Ese dilema se planteó a muchos electores en las elecciones de 2007 en Francia (donde hay una discrepancia mayor en la visión de la sociedad por parte de los electores). Más de siete millones votaron a Bayrou, y no a Sarkozy ni a Royale, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y por poco no llegaron a conseguir que fuera elegido a un Presidente del centro del espectro político.

En España el sistema electoral es distinto y las circunstancias son diferentes.

Nuestro objetivo no es orientar tu voto, sino concienciarte de que la crispación es funesta y de que la sociedad civil y los electores no podemos seguir siendo sometidos al espectáculo denigrante y demostradamente funesto para el país de otra legislatura con bronca tras bronca, sin consenso y sin un verdadero debate.

Gane quien gane el 9 de Marzo, es imperativo que el gobierno que salga de las urnas entable de inmediato un diálogo con el principal partido de oposición, y constituya grupos de trabajo con representación de ambos que en un plazo razonable establezca un consenso sobre los temas que deben configurar una política de Estado, y otros grupos de trabajo o comisiones bi-partidarias, con representación de todos los partidos, para debatir a fondo y distendidamente, los temas esenciales para el futuro.

Los españoles debemos exigírselo.

Publicado en:

http://www.elfuturodeespana.es/

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