Desde el día 12 al 14 estaré en el CIO Forum’07, en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), invitado por el semanario ComputerWorld, de la editora IDG Communications, y aprovecharé para intercambiar experiencias y conocimientos con los principales directores de informática, o de sistemas o de tecnologías de la información, o como quiera que nos llamemos. Me resulta curioso considerar que pertenezco a una de las principales empresas del país, siempre he pensado que lo era, aunque las cifras se empeñasen en demostrar otra cosa.

Esa amalgama de nombres: Sistemas, informática, tecnología… invita a la sencillez del nombre americano, CIO, que significa algo también incoherente, como Chief Information Officer, o según la variación más reciente, Chief Innovation Officer, que tampoco resulta acertado, pero no gastaré más líneas en discutir nombres, dejémoslo ahí.

El caso es que, en los medios especializados, se escriben ríos de tinta explicando que los CIO’s somos los motores de cambio e innovación en las empresas, dicen que tenemos una visión de 360 grados, que somos o debemos de ser capaces de alinear la tecnología con el negocio, los procesos con la información y aportar el tercer capital: el conocimiento.

Sinceramente considero que el papel del CIO es vital, pero que la verdadera estrategia para las empresas no es dotarse de buenos Directores de IT, sino de aplicar el proceso de innovación y conocimiento como motores principales de generación de valor para el negocio. Ya es hora de que en las empresas prevalezca la inteligencia y la capacidad de adaptación ante los dogmas y los inmovilismos. Cierto es que el CIO tiene la capacidad de visionar los procesos empresariales, la información y la productividad del personal desde un punto de “ojo de águila” o de buitre si suena menos pretencioso, porque es ajeno al ciclo de explotación de la empresa, no está involucrado en las transacciones ni en las decisiones operacionales, y este alejamiento espacial le permite ver la empresa desde una visión de 360 grados.

El mérito no es del cargo, sino de la aceptación de que todo está en un proceso de cambio, de que los procesos deben adaptarse a las exigencias de eficiencia y dinamismo que impone el mercado, y de que las personas son capaces de aportar más valor a la empresa que el capital y que la producción, porque sin procesos, información y personas adaptables no hay mejora, y sin gestión del conocimiento no hay supervivencia.

Espero disfrutar de Alcalá de Guadaíra y del Hotel Hacienda Boticaria, y si me lo permitís, durante esos días descansaré y dejaré en un cajón guardado aquellos problemas comunes que nos afectan, pero a la vuelta seguiré combativo. Ahora toca responder a otras responsabilidades, compatibles o no, pero necesarias, las profesionales de un CIO.