Esta noche oigo el repicar de los tambores de una aldea lejana, ecos de sonidos tribales que viajan en la oscuridad. El reflejo de la luna y las estrellas me dirigen, mientras me encamino a través de la sabana. Mi andar es lento, todo cuanto observo es grandioso y me detiene con su extensión, jamás observé una noche tan clara y abierta, no hay horizonte en el que descansar mi mirada.

Ella llegó hace semanas, y aún no sabe que yo respiro el mismo aire que la alimenta, el aire de África. Estoy tan lejos de mi país, de mi ciudad, tan lejos de mi pasado. Ahora sólo recorro el camino que tanto tiempo he soñado.

Diviso a lo lejos las luces de las tiendas del campamento, son mi norte, mi destino. Me detengo un momento para hablar con un hombre viejo que encuentro en el camino, él me saluda con palabras extrañas mientras canturrea melodías antiguas, de repente, el anciano guarda silencio, sólo se escucha el sonido de África, después se da la vuelta, me mira, y dice:

“Apresúrate, caballero andante, ella está allí, esperándote”

Sé que nada podrá separarme de ella, no existe fuerza en el mundo que consiga romper este lazo, forjado en los inviernos de tantos años y en primaveras sin flores. Ni la fuerza de centenas de hombres podría romperlo, todo mi pasado me une a ella.

Llueve. Ahora llueve. Bendigo las lluvias de África. Nos ha llevado tanto tiempo alcanzar este momento, demasiado tiempo. El camino que recorro es angosto, pero nada me frena, quizás ahora podremos compartir las cosas que nunca tuvimos oportunidad de vivir.

Es de noche. Los perros salvajes aúllan a lo lejos, sé que estoy haciendo lo correcto. A lo lejos, el Kilimanjaro se levanta orgulloso, cual Olimpo sobre el Serengueti, quiero sanar mis heridas, aún abiertas, demasiado amor, y escaso el espacio donde acogerlo. Estoy seguro de lo que siento. Nunca antes estuve en África, pero llevo tantos años recorriendo este camino…

Hay una voz que se repite dentro de mí, mientras recorro los últimos kilómetros…

“Apresúrate, caballero andante, ella está allí, esperándote”

Suspiro, y el aire inhunda mi cuerpo…


http://www.youtube.com/watch?v=NfBUCayjNvI

(este texto es la continuación del post «¿Puedes oirme, estrella silenciosa?«, se ha unido a la música de TOTO, y mientras escucho el tema África, los dedos han trasladado sensaciones profundas)