La pobreza y la desigualdad no tienen justificación. El desarrollo actual de la investigación, los avances tecnológicos y la economía hacen que el mundo sea, hoy por hoy, más próspero que nunca. En los últimos años estamos viendo como se generan oportunidades para mejorar las economías de los países y bases firmes donde trabajar para reducir el hambre, y sin embargo, no obtenemos los resultados deseados. ¿Por qué?.

Porque los ciudadanos de los países ricos, (nosotros), estamos más entretenidos en acumular riqueza, en divertirnos, en obtener seguridad, aún a costa de ser más esclavos. Nuestro objetivo es escalar por la Pirámide de Maslow, asegurarnos manjares, viajes exóticos y sacarle brillo a nuestra vanidad. Los que vienen detrás no nos importan, sólo miramos a los que tenemos delante, para superarles en la opulencia.

¿Quieres saber cuántos pobres hay detrás de ti?, pulsa aquí.

Gran parte de lo que tenemos y deseamos tener es ufano, no nos sirve de nada, al menos para conseguir verdadera felicidad. «El dinero no compra la salud, sólo a los médicos. El dinero no compra la amistad, sólo los regalos. El dinero no puede comprar tiempo, sólo relojes para medirlo». Estas cosas se decían en una diapositiva sensiblera que recibí de una amiga, y me recordó otro post de este blog, en dónde Sarah MacLachlan nos enseño a través de su video «World On Fire» lo que se puede y lo se debe hacer, con algo de sentido de la justicia, con el dinero.

Debemos aprender a vivir con mayor simplicidad, como dijo Gandhi, de lo contrario otros simplemente no podrán vivir:

  • 800 millones de personas no tienen acceso a comida suficiente para alimentarse.
  • 1.100 millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar diario.
  • 1.200 millones de personas no tienen acceso al agua potable.
  • 10 millones de niños mueren antes de los cinco años por causas evitables.
  • El 10% de la población mundial disfruta del 70% de las riquezas.

Si hay un reto personal, duro, muy duro, es el de llevar a cabo el down-sizing, bajar el nivel, de nuestras vidas, una reducción de nuestra velocidad frenética, en lo laboral y en el consumo, y a la vez reducir nuestra dependencia de los objetos, de los bienes, de todo aquello que no sea depender de la gente a la que queremos. Es muy duro seguir los pasos de la Simplicidad Voluntaria, darle valor a la lentitud. Personalmente sólo os puedo prometer pequeños logros en este reto.

Os dejo un vídeo de Selah, con otra versión más del tema You Raise Me Up. Recuerdo que esta versión, con imágenes de la injusticia, lo publiqué en Mi Sitio SharePoint de la Intranet de la empresa, el día en el que nos íbamos a celebrar la comida de Navidad, a más de uno se le descompuso el cuerpo.

http://www.youtube.com/watch?v=H2sZuJbxi8Y