Lo mismo que hace que los artículos de plástico sean útiles para los consumidores- su durabilidad y estabilidad-, es también un problema para el medio marino. Se producen al año unas 100 millones de toneladas de plástico de las cuales alrededor del 10 por ciento terminan en el mar. El 20 por ciento del plástico que acaba en el mar proviene de barcos y plataformas, el resto de tierra.” (Greenpeace)

Una bolsa de plástico es para una tortuga una posible presa, similar a una medusa, y tras ingerirla no conseguirá que su aparato digestivo la disuelva, en otros casos morirá antes ahogada.

Las tortugas son el principal depredador de las medusas, el cambio climático que calienta los mares y nuestro desdén tirando plásticos aquí y allá tienen un efecto inmediato en el ecosistema marino, nuestras playas están siendo invadidas por medusas, sin embargo cuando veamos a nuestros hijos chillar por las irritaciones tras el contacto con estos seres, no caeremos en la cuenta de que somos los principales responsables de esta plaga.

No hace falta mucha imaginación para pensar qué nos pasaría si nos tragamos una bolsa de plástico, algo que nuestro estómago no puede digerir en absoluto. Lo más probable es que acabemos con una obstrucción intestinal que acabe en el quirófano. Pero los animales marinos no tienen quirófanos. Las tortugas, las ballenas, los delfines, las focas, todos estos seres se ven en peligro pues el tamaño de su boca hace posible que se traguen estos materiales y acaben muertos de inanición, al tener el tubo digestivo obstruido, o asfixiados por no poder respirar al tener el plástico atascado en su boca. No hace mucho, una ballena apareció varada en la costa de Santander (España). En su estómago se encontró una bola de plásticos de desecho que pesaba unos 50 kilos.” (Mare Nostrum)