…eso mismo decía una amiga mientras iba sorteando los zarpazos sangrientos de la vida, pero entre tanto volcaba su corazón en los demás. La vida… La vida se asemeja al caudal del un río, que te empuja a través de su interminable recorrido. Poco importan tus deseos, es el río el que te lleva, por valles y ramales prefijados por ella. Pero a veces, y sólo en contadas ocasiones, tu insistencia o el empuje de otro nadador solitario permite que te desvíes por otro camino. Y sólo a veces te permite que reposes, agarrado a la raíz de un árbol o tendido en la arena. Son esos instantes en los que respiras sin temores.

La vida es una completa lucha, continua, frente al entorno, a las expectativas, y principalmente frente a ti mismo. Nos confundimos en batallas defensivas frente a la penuria, las que da el dinero o la inseguridad. Pero no hay otra guerra que vencer que no sea derrumbar las barreras de tu prisión. La vida es sueño, decía Calderón de la Barca. Vida por mucho tiempo ausente de nosotros, encerrados en una sombría y estrecha caverna, solos y con el escueto cobijo de pocos amigos y familiares amaestrados por las tradiciones. Y en instantes fugaces, en esos en los que a veces nos entretenemos, un pequeño rayo de luz penetra rasgando la densa oscuridad, dándonos luz y calor..

Nada nos pertenece, por mucho que creamos como propias las hojas y las ramas que vamos agarrando mientras nos arrastra el río. No somos dueños de su cauce, desconocemos su dominio, y poco podemos hacer para variarlo. ¿Qué maniobras nos quedan?, ¿Cuánto puedo cambiar? ¿Cómo puedo mejorar?.

Esas preguntas nos acompañan desde la infancia, mareando nuestro equilibrio emocional, hasta que más tarde comprendes que preguntarse cuál es la razón de nuestra vida es sentir en parte la identidad propia. Ese día triunfas, vences el empuje del agua, y a partir de ese momento eres consciente de que la vida te arrastra. Poco podrás hacer, pero has tomando conciencia de que la vida te pertenece.

¿Cuánto podemos mejorar?, bien poco diría yo, pero lo que si podemos hacer es “sentir mejor”, “percibir mejor”, empezando por sentirse y percibirse a uno mismo, y después mirar con ojos abiertos a los demás, sin prejuzgar sin detenerse en detalles ufanos.

No esperes a sentir la muerte cerca, o la diagnosis de una enfermedad que te deja escaso tiempo de vida. No esperes a que te lo pongan fácil… Despierta!!!

La llave de la primera puerta de felicidad, la tienes en tu mano, aunque la felicidad sea una meta inalcanzable, conseguir alguna mejora nos lleva la vida. Tan sólo: Siéntete a ti mismo, aceptando cómo eres. Disfruta de cuanto haces, dedica tu vida a cumplir tus sueños, a trabajar en lo que te gusta, a viajar, concédete satisfacciones. Y por último, dedícate a los demás, serás feliz cuando hagas nacer ese sentimiento en ti y lo proyectes a los demás.

Se feliz y haz feliz a cuantos te rodean…

(Vale!!!, que suena a sensiblería tonta, pero al menos inténtalo)