La contribución real de los biocarburantes a la mitigación del cambio climático es cada vez más cuestionada. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reavivó el debate con la publicación del informe «Bicombustibles: ¿es el remedio peor que la enfermedad?», en el que se ponen en duda la rentabilidad y el beneficio medioambiental del uso de combustibles biológicos.

El informe denuncia que la creciente demanda de biocombustibles para sustituir a los carburantes fósiles -carbón, petróleo o gas natural- tendrá consecuencias económicas a nivel mundial. Pone el ejemplo del conflicto «comida contra combustibles», que obligará a los agricultores a decantarse por destinar sus campos de cultivo a la alimentación o a la elaboración de biocombustibles, producidos sobre todo de maíz, caña de azúcar o cereal.

La consecuencia de cualquier desvío de la producción hacia la generación de energía biológica encarecerá el precio de la comida.. Provocará una destrucción de los ecosistemas naturales, como bosques, humedales y pastos, en favor de las cosechas para energía biológica.

AMENAZA AL MEDIO AMBIENTE

La obsesión por los biocarburantes puede suponer una amenaza para el medio ambiente y la biodiversidad. El informe alerta de que si se tienen en cuenta la acidificación de la tierra, el uso de fertilizantes, la pérdida de biodiversidad y la toxicidad del uso de pesticidas agrícolas durante el proceso de producción de bioetanol o biodiésel, su impacto medioambiental «puede superar fácilmente el de la gasolina o el diésel mineral».

El progresivo uso de biocarburantes creará problemas que, según la OCDE, no aportarán a cambio ningún beneficio medioambiental, puesto que la reducción de las emisiones de CO2 no superará el 3%.

SEGUNDA GENERACIÓN

Ante esta apuesta y los riesgos presentados en su informe, la OCDE invita a la UE y a sus Gobiernos a interesarse por los biocarburantes de segunda generación -que pueden producirse a partir de fuentes no alimentarias como residuos agrícolas (paja) y desechos de maderas- y les insta imponer políticas «más eficientes», como los impuestos sobre el carbón. Por último, llama la atención sobre la necesidad de que la Comisión Europea cree una certificación de «sostenible» para los biocarburantes.

La OCDE también llama a los países en vías de desarrollo, como Brasil, de donde proceden en muchos casos el bioetanol y otros combustibles biológicos, a utilizar sus fuentes energéticas no sólo desde el «cómodo» punto de vista de la exportación, sino como la vía para identificar nuevas formas de progreso económico, como la investigación en bioenergía.

Autor: Laura Villena

 

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