Artículo enviado por Miriam, sobre la condición humana…

Engaño, tristeza, soledad… es lo que siento cuando siento la infidelidad.

Y no me refiero a la infidelidad coloquialmente hablando, la que se utiliza como comodín para obviar otros aspectos, la que se entiende como la que aparece en las parejas, y se vive como un insulto.

A esta infidelidad no la llamaría yo como tal, más bien, la denominaría intento de franqueza, pues por un instante dejamos de pensar en todo lo demás para dejarnos fluir.

Me refiero a la infidelidad pura, la que nos hacemos a nosotros mismos cuando dejamos de intentar conocernos, cuidarnos, escucharnos, hacernos caso, y de crecer como individuos individuales.

Engaño, tristeza, soledad es lo que siento cuando vuelvo a serme infiel a mí misma.

Intento entonces volver a hacerme preguntas simples, pero complicadas de afrontar:

¿Estoy dónde quiero estar, o estoy donde tengo que estar?

¿Beso a quién quiero besar, o beso a quien tengo que besar?

¿Trabajo porque me satisface, o porque es sólo un sueldo?

¿Dedico mi tiempo de ocio a mi hobby, o a compensar tiempos?

¿Expreso todo lo que siento, o sólo lo que los demás necesitan oír?

¿Realmente yo soy yo?

La infidelidad aparecerá según la respuesta sea debo, quiero o soy.

La fidelidad es como el amor: debe comenzar con uno mismo.

Es imposible ser franco con los demás si no lo eres contigo mismo, porque evidentemente, no eres tú.

Y una vez conseguida, derribado los muros, abandonados los miedos, es genial, es recíproco, y lo mejor es que suele contagiarse.

Cuando estoy feliz, sonríes

Cuando sonríes, soy feliz

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Gracias Miriam por tu texto, y gracias Manolo por ser su inspiración y a quién Miriam quiere dedicar este post.