Quería reproduciros las sensaciones que percibo durante este viaje a lo más hondo del corazón de Galicia. Pero no puedo mostrarlas con un vídeo de YouTube ni con un sólo sonido en mp3. No puedo trasladar en simples palabras como es el frio, el sosiego, el lento pasar del tiempo. Ni cómo son sus gentes, amables, sencillas…

Aquí, parados, con una conexión mínima a Internet mediante GPRS, en lo más profundo de Galicia me pregunto por el sentido de las campañas ecologistas y por lo urgente de la respuesta que tenemos que dar. Pero viendo como estas pequeñas aldeas no generan basuras, ni requieren de complejos servicios para el ciudadano, ajenos a los procesos consumistas. Poblaciones que forman parte del equilibrio natural, en  el uso de sus recursos y en la adaptación a sus posibilidades.

¿Qué piensan las gentes de estos lugares de las campañas de Greenpeace, del movimiento de Al Gore?. Muchas de estas personas, pequeños granjeros, de las aldeas gallegas o de cualquier otro lugar del mundo, que conserva un equilibrio con sus recursos, pueden considerar alarmistas los mensajes que difundimos, pero nada les es ajeno. Su dependencia del entorno, al que aman y protegen, les alerta y les preocupa. Estas gentes no forman filas con los escépticos del cambio climático, porque saben que la relación del hombre con el medio ambiente es tan delicada como una relación de pareja, necesaria de cuidados y necesitada de «dejar hacer».

Somos nosotros, los urbanitas, unos pocos millones de personas los que llenamos de envases innecesarios nuestros cubos de basura, los que tenemos decenas de cacharros eléctricos conectados para no se sabe que, lo que nos desplazamos de continuo, los que no sentimos el frio. Desde la aldea de Rio Pedroso observo los molinos que salpican el relieve de Monte do Faro, molinos de energía eólica que los urbanitas necesitamos plantar en medio del mundo rural, con la esperanza de aliviar nuestros desmanes consumistas de la ciudad.

Mucho podría comentar sobre lo absurdo que me parece que unas personas que vivimos enlatadas en las grandes ciudades nos hayamos convertido en unos desequilibrados muy alejados del equilibrio natural.

Os dejo con un poema que Federico García Lorca dedico a una poeta gallega:

Canción de Cuna para Rosalía de Castro muerta

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.
Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras:
i es o marmurio do río,
i es a noite, i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Federico García Lorca