La paradoja africana es que soporta el 25% de la carga de enfermedad mundial, pero sólo cuenta con el 3% de los trabajadores sanitarios y tan sólo con el 1% de los recursos económicos destinados a la sanidad.

Y para colmo, muchos de los médicos africanos, formados en África, acaban haciendo las maletas para irse a trabajar a los países ricos. Uno de cada 10 doctores que trabajan en el Reino Unido procede de África. Más de 13.000 atienden en Australia o EEUU. Y esta emigración de profesionales no afecta sólo a los médicos, sino también a las enfermeras y farmacéuticos.

 

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