Las tradiciones festivas basadas en la tortura y el dolor de animales son una aberración ética y cultural en cualquier sociedad y grupo humano. El atraso y la indignidad moral de nuestras sociedades llamadas modernas y desarrolladas se expresa en el tipo de trato que otorgamos a los animales más cercanos a nosotros. Pero el brutal salvajismo y la crueldad innecesaria contra los animales salen a relucir cada verano en muchos pueblos y ciudades españolas. Aún perviven muchas actividades recreativas y festivas que fomentan el dolor y la muerte cruel de los animales.

Estas formas incivilizadas de medievalismo ético y cultural contra seres vivos sintientes en nombre de la diversión y la fiesta, dan cuenta del escaso nivel ético-moral de las personas, municipios y autoridades que lo practican o lo permiten. Con este desprecio y falta de reconocimiento de las necesidades más vitales de seres con alto grado de sensibilidad y con emociones muy similares a las nuestras, también se extiende la anestesia y la insensibilidad contra el sufrimiento de cualquier ser vivo, incluidos el dolor de los humanos. Además de incitar a la violencia directa contra los individuos de otras especies erróneamente consideradas inferiores y simples objetos al servicio humano, se favorece también la indiferencia hacia las demás personas. Los adultos y la infancia que acaban acostumbrados a reír con la experiencia del trato cruel a un animal no humano, también podrán disfrutar de la violencia ejercida hacia otras personas.

Estas crueles y vergonzantes prácticas contra seres tan cercanos a nosotros vulneran normativas legales de bienestar animal a nivel autonómico, estatal y europeo, aunque incomprensiblemente se siguen promocionando o tolerando.

DAVID HAMMERSTEIN
Eurodiputado de Los Verdes
http://www.davidhammerstein.org/