En ella se demanda el reconocimiento mundial de unos de los objetivos fundamentales del movimiento ecologista: la conservación del patrimonio ambiental, en igual o mejor estado del que heredamos de nuestros antecesores, para las siguientes generaciones.

Artículo 1. Las generaciones futuras tienen el derecho a una Tierra sin contaminación ni destrucción, para su disfrute como el escenario de la historia de la humanidad, de su cultura y de los lazos sociales que hacen a cada generación e individuo miembro de la familia humana.

Artículo 2. Cada generación, que comparte la herencia y el espacio de la Tierra, tiene el deber, como administrador de las generaciones futuras, de evitar daños irreparables o irreversibles a la vida de la Tierra y a la libertad y dignidad humanas.

Artículo 3. Es por lo tanto, responsabilidad fundamental de cada generación el mantener una vigilancia constante y una evaluación prudente de los disturbios tecnológicos y modificaciones adversas que afecten la vida en la Tierra, el balance de la naturaleza y la evolución de la humanidad, con el fin de proteger los derechos de las generaciones futuras

Artículo 4. Serán tomadas todas las medidas apropiadas, incluyendo educación, investigación y legislación, para garantizar estos derechos y asegurar que no sean sacrificados por conveniencias presentes.

Artículo 5. Por lo tanto, gobiernos, organizaciones no gubernamentales e individuos deberán utilizar todos sus recursos e investigación para implementar estos principios, como si estuvieran presentes las futuras generaciones cuyos derechos buscamos establecer y perpetuar.