La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, se aprobó con 100 millones de muertos de la 1ª y 2ª Guerra Mundial sobre la mesa. Era el momento propicio para declarar que los ciudadanos ya no consentirían más imperios, gobiernos absolutistas ni dictaduras. Pero, ¿hasta dónde ha llegado esa declaración? ¿Sólo hasta las calles de París, Nueva York, Viena, …?

Hoy los derechos universales están íntimamente ligados a la economía y a los grupos sociales. En ningún país pobre se garantizan estos derechos, antes al contrario, sus precariedades no sólo impiden el acceso a la educación, la sanidad, a un techo y a la alimentación sino que esconden torturas sistemáticas y persecuciones por razón de conciencia, religión o raza.

De igual modo podríamos decir que en los países desarrollados si se han ido aplicando los derechos universales, salvo excepciones relativas al derecho a la vida o a la libertad de expresión. Aunque estos logros desaparecen si hablamos de países ricos sujetos a un dictaduras religiosas o de partido único, como sucede en los países del Golfo Pérsico, en India o China. Es curioso que estas economías emergentes, que serán las próximas potencias mundiales, sean quienes más pobreza esconden y donde más infracciones suceden contra los derechos básicos como el derecho a la vida, a la libertad de conciencia y al libre movimiento.

En el siglo XXI aún hay redes de comercio de esclavos. Miles de niños son raptados en África para venderlos como mano de obra o como soldados. Cientos de miles de niñas y niños son explotados sexualmente en Asia y, por todo el mundo, más de 4 millones trabajan a cambio de supervivencia sin tener acceso a la educación.

Cuando termine el día habrán muerto 25.000 niños por causas fácilmente evitables, tan fáciles como tomar una medicina común o ingerir una papilla alimenticia. Pero al final del día, otros 40 millones de niños sortearán la muerte que les acecha, sin ninguna esperanza de desarrollar su vida con dignidad en el futuro.

El espíritu de la declaración se vive de manera muy distinta según sea nuestro grupo social y nuestro nivel de bienestar. Lamentablemente la lucha por la defensa de los derechos humanos no se sustenta por principios morales sino exclusivamente por criterios de economía. El día de hoy servirá para que un londinense o un australiano reclamen el ejercicio de su derecho a elegir su condición sexual, y también servirá para que reclamemos el acceso a una escuela pública de calidad, e incluso para que alguna micro-región europea exija su derecho a la autodeterminación.

Personalmente hoy me quedo con el "derecho a reclamar derechos básicos", alzando la voz por quienes no han recibido educación para escribirlo, seguridad física para expresarlo ni energía corporal para gritarlo.

Necesitamos cambiar las reglas de juego de este mundo, para que los derechos universales no sólo sean un beneficio secundario del desarrollo económico.

Feliz aniversario a todos.

Gracias a Virginia por el vídeo