Los  orígenes de la recesión internacional actual pueden rastrearse hasta los engaños y descuidos cometidos por banqueros y comerciantes, pero también hasta las suposiciones erróneas de los economistas profesionales. Los gobiernos están despilfarrando billones de dólares de los fondos públicos para salvar a los bancos, pero a menos que los economistas cambien sus ilusiones por el realismo ecológico, no lo van a lograr.

El pasar por alto la naturaleza ha sido el error fundamental de los economistas clásicos. La naturaleza no figura dentro del balance general de ninguna empresa, de modo que cuando un bosque desaparece o los ríos mueren debido a la contaminación, nadie lleva la cuenta de los activos perdidos.

Los economistas suponían que la naturaleza proporcionaría recursos gratuitos y ocultaría indefinidamente los desechos y la contaminación. Fue un error craso.
Por ejemplo, la teoría económica clásica supone que el aumento de precios siempre estimula la producción, pero esto sólo funciona cuando los recursos son infinitos. El verano pasado, cuando los precios del petróleo se dispararon, Estados Unidos instó a Arabia Saudita a producir más petróleo, pero ésta no pudo hacerlo debido a que sus campos petroleros se están agotando. Alguien podría ofrecer un millón de dólares por un pato del Labrador, una codorniz de Nueva Zelanda o un tigre de Bali, pero ninguna cantidad de dinero podrá comprar un animal extinto.

Muchos economistas todavía se aferran a una visión invertida del mundo, que el medio ambiente es una división de la economía. A nuestros viejos hábitos les colgamos la etiqueta “verde” como una nueva estrategia de ventas. De hecho sucede lo contrario: la economía humana es subsidiaria de la ecología de la Tierra.

Mientras la economía humana mantuvo una dimensión pequeña en comparación con la abundancia de la naturaleza, estas ilusiones pudieron perpetuarse, pero la empresa humana ha alcanzado las dimensiones del planeta. La recesión internacional actual se distingue de los desplomes anteriores en que ya no hay un enorme fondo de recursos sin explotar ni nuevos continentes que saquear ni nuevos océanos que agotar.