La población urbana está aumentando. Esta es la primera vez en la historia de la humanidad que la mayoría de la población mundial vive en las ciudades. Ya somos 3.300 millones de personas y, según los expertos, en las próximas décadas el 95% de la expansión urbana va a tener lugar en los países en desarrollo. Estos factores demográficos y el aumento del consumo, como consecuencia de una mayor renta per cápita, son los principales responsables de la presión ejercida sobre los recursos hídricos.

El objetivo del Día Mundial del Agua 2011, que se celebra el 22 de marzo, es centrar la atención internacional sobre el impacto del rápido crecimiento de la población urbana, la industrialización y la incertidumbre causada por el cambio climático, los conflictos y los desastres naturales sobre los sistemas urbanos de abastecimiento de agua. El tema de este año es “Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano”.

Cada segundo la población urbana aumenta 2 personas. El ritmo es tan rápido que no permite a los gobiernos y a las administraciones públicas responder a las demandas de agua y saneamiento con las necesarias infraestructuras y medios técnicos. En la actualidad, una persona de cada seis no tiene acceso a agua potable segura y una de cada 4 personas que viven en las ciudades no tiene acceso a saneamiento.

El agua es fundamental para una buena salud, para una alimentación adecuada, para contribuir a la educación, al empleo, a la energía y también para la protección del medio ambiente y revertir los efectos del cambio climático. Todas las decisiones que se toman en el sector agrícola, en la planificación urbana, el comercio y el desarrollo industrial tienen un impacto sobre el agua.

El crecimiento de las ciudades está poniendo el acento sobre tres temas: el control efectivo de las aguas residuales; el control de la contaminación del agua; y las condiciones de vida en los asentamientos urbanos. Cada año, 2 millones de toneladas de desechos humanos se eliminan en los cursos de agua, provocando enfermedades como la malaria, la diarrea o el cólera, que causan muchas muertes, fácilmente evitables.

Otro de los problemas a los que se enfrenta la población que abandona el campo y que llega a las ciudades en busca de mejores oportunidades es que en los asentamientos urbanos de la periferia, donde las infraestructuras son prácticamente inexistentes, el suministro del agua se efectúa por medio de distribuidores de agua privados de modo informal y a pequeña escala. Los habitantes pobres de las ciudades pagan 50 veces más por 1 litro de agua que sus vecinos ricos, destinando entre el 3 y el 11% de sus ingresos mensuales al agua.

El Tercer Informe de Naciones Unidas “El agua en un mundo en constante cambio” destaca que no se podrán resolver las crisis globales producidas por el cambio climático, los mercados financieros inestables y los problemas actuales relativos al suministro y los precios de la energía y los alimentos, sin que actúen de manera consensuada la clase política, el sector privado y la sociedad civil.

Dado que el acceso a agua y saneamiento ya ha sido reconocido por las Naciones Unidas como un derecho humano, resulta necesario establecer nuevos modelos de gobernanza en el ámbito local, nacional y regional que garanticen ese derecho humano e incentiven la responsabilidad ciudadana en la gestión pública y participativa de los recursos hídricos.

Vía Boletín de Prosalus