Un hombre fue injustamente acusado de un delito, cuando el verdadero autor era un gobernante. Todo se organizó para ser declarado culpable en el juicio y posteriormente fuese ahorcado. El juez, para que pareciera que el veredicto no estaba prefijado, le dio al encausado a elegir entre dos papeletas, sin embargo en ambas estaba escrita la palabra CULPABLE…

…El hombre sabía que todo debía de estar amañado, y sin miedo extrajo una papeleta y frente al asombro de todos los presentes… la introdujo en su boca y se la tragó, diciendo: “En las manos del juez queda el destino que Dios no quiso para mi”.

En la cena recordaba a mis hijos esta leyenda que conté a los alumnos de económicas de la UAH y que forma parte de una antigua presentación sobre “Iniciativa e Innovación” que podéis consultar en http://slidesha.re/h4iDc1