1. ‎Porque no me resigno a que sólo se pueda salir de la crisis agachando la cabeza y renunciando a lo que tantos años, esfuerzo y sangre costó construir.

    2. Porque no fueron los trabajadores de las fábricas o las oficinas, ni los profesores, ni sus alumnos, ni los médicos, ni sus pacientes, ni los pensionistas, ni los periodistas, ni los artistas, ni los niños quienes hundieron la economía. Pero son ellos, nosotros, quienes lo vamos a pagar.

    3. Porque quiero un modelo fiscal más justo, un sistema tributario inspirado en los principios de igualdad y progreso que me prometió el artículo 31 de la Constitución española.

    4. Porque la Constitución también me dice que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, no en el Banco Central Europeo, el G8, el FMI o Wall Street.

    5. Porque si hay dinero público suficiente para volver a rescatar a los bancos, a las cajas o a sus millonarios directivos, también tendría que haberlo para poder ayudar a esas personas hipotecadas que lo pierden todo porque no pueden pagar.

    6. Porque las desigualdades económicas aumentan.

    7. Porque puede que ya sólo nos quede la protesta. Lo que seguro que será completamente inútil es quedarse quieto, en casa, y esperar a que todo se solucione sin más.

    8. Porque será muy emocionante.

    9. Porque no podemos permitir que sigan engañándonos, explotándonos, manipulándonos y pisoteándonos.

    10. Porque ya lo dijo la Bruja Avería: "¡Viva el mal! ¡Viva el capital!"

    Por estas diez razones (que son las de Ignacio Escolar y las mías), este sábado 15 de octubre voy a estar en la calle para pedir al mundo un cambio global, un cambio a mejor. Y para contarlo.