Una locura de manejo provocada por la industrialización de la ganadería. Es lo que tiene la rentabilidad a toda costa, la masificación de las explotaciones intensivas.

Los piensos concentrados provocan demasiados gases tras la fermentación en el rumen de la vaca (uno de sus cuatro estómagos). Esta alimentación artificial ‘tan funcional y poco natural’ excede la capacidad para controlar los procesos digestivos y acaba en dolorosas patologías para la vaca.

Con estos orificios se pretende utilizar a las vacas como un aparato industrial, ahora te abro la cavidad para que expulses gases, ahora te la cierro; incluso sirve para que la industria de los piensos haga pruebas y test en vivo de los compuestos alimenticios que sacarán al mercado.

Una locura basada en la demanda imparable de una sociedad humana depredadora. Cuando el modelo que debería imperar es tener solo la cantidad de vacas que permiten los pastos abiertos y el clima de cada zona. Y si no hay leche para tantas bocas humanas, pues a beber agua.

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